son las nueve de la mañana
y todavía no se calma
esa molestia
que anoche me empujó
a taparla con una nube
(sólo mi nada supo cómo llovió)
para no seguir esperando
que vengas
en cualquier cuerpo
con cualquier nombre
(yo sólo te veo a vos)
y si alguna vez llegás
no vas a ser -nunca fuiste-
quien hace vibrar
el anhelo y la sangre
porque aunque vuelvas
con tu cuerpo
con tu nombre
a vos sólo te vi
y el resto lo creí
sin mirarte más.
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