Tenía dos opciones, seguir preguntandole como me veía, o convertir eso en un juego, una especie de adivinanza perversa. Sin pensar, le contesté: "Usted también, así que no me lo recrimine." Sabía que tenía razón; por qué sino ¿estaría aquí frente a mí a estas horas? . "La luna es para dormir, y usted no lo hace." Perdía el tiempo, pero en mi cabeza, todavía creía que mía, no encontraba el por qué del apuro. No había sido tan grave.
Retomé nuevamente mi búsqueda. No era tácita, no era metafísica, estaba esperando una aparición física que me revelara que carajos pasaba. La cara del vago se iluminó al prender un cigarrillo, y ese fulgor naranja me dio la respuesta que estaba buscando: el vago era yo. Sería yo él? Por qué mierda no me detuve a leer ese salmo? Un momento, yo no digo mierda, digo carajos, yo no digo un momento, hablo sin pedir permiso, pero ¿cómo me daba cuenta de todo esto? Si no era yo, solamente cuestionaba, si algo me había hecho cambiar de persona, había sido porque estaba siendo incorrecto, y ¿por qué no me hizo señorita? Por lo menos en una vida probaba dos cosas.
Finalmente soy un protestón, me quedaba ahi pensando, sin hacer, la biblioteca...quizás. Otra vez la lluvia de los enigmas de la gallina-el huevo, la carne, el bien y el mal. Maldita dialéctica hegeliana! Pero yo no sabía de Hegel y ahora soy un gran conocedor de sus pensamientos, hasta descubro que hablo un ruso stalinista... pensar que en algún momento creí que era un vago y ahora terminé la secundaria; antes no me interesaba lo académico, y ahora me parece condicional.
Sólo por algo recuerdo el antes. Pero ya ni son mis recuerdos. Necesidad de cambio, y Freud toma el mando, Freud se la come, lo revoluciona Lacan, pero qué importa la psicología, mejor me vuelvía con mis estudios lingüísticos... que ya no eran míos; los enfoques cambiaban y no sabía qué pensar.
"¡Ya sé!" pensé, necesitaba el salmo, pero dónde era mi casa o esa casa que era del dueño de este cuerpo. Entonces recordé que la mejor traducción de eso que realmente trasciende vive en el cuerpo, cerré los ojos y me eché nuevamente en andas, mientras entendía.
Eso había pasado, al mejor estilo juliásico: había cambiado el enfoque. Lo familiar, antes hermoso, se tornaba nocivo, y lo extraño y vacío llenaba espacios, disfrutaba de la nada y me deprimía el todo. Era un ser vulgar con conocimiento ahora estúpido sobre un existencialismo que había fracasado y cayó de la cúspide. Y no sacaba provecho de mi multipersonalidad, porque no era habilidoso como al principio del relato. ¡Ay! , no quería ser bebé de nuevo, pero me achicaba y no lo podía evitar. Las dos personas se destruían para dar lugar a una tercera que nacería bien, desde el principio. Seguí caminando y como era de suponerse, volví a la puerta por la cual había salido a buscar eso que no estaba del lado de afuera.
"Y sale el sol, y pónese el sol, y con deseo vuelve á su lugar donde torna a nacer" (Eclesiastés 1:5)
And my dear Borges, you are a big laier, so important the bible; lo que pasa es que, my dear George, la biblia fue insitucionalizada y eso la hace bullshit, pero vos decías y vos te convertiste en institución. Así que JLB, metete tus verdades en otra parte; en la biblia de unos pobres chicos, que si ahora me veían me mandaban a un loquero con otros soñadores... ¿eso era yo hablándome a mí? Creía que ya no entiendía nada. ¡Jajaja!
Con el libro en la mano maté a una mosca, ahí tenías Biblia, eras pura muerte. Qué solución tan fácil había tenido. La fácil, la vaga. Le había echado la culpa a algo-otro-no-yo. Biblia, vos acarreabas mi estigma. Así caí, Jesús había muerto por mí. Y no era eso, no así, no, verdad? No, no debía ser, y vos, maldita Biblia, lo habías escrito; mandaste a Jesús a morir por los que vendríamos, nos transformaste en seres indignos y transformaste a los puros en infieles y yo le había sido infiel a mi otra vida, porque no había hehco lo necesario como para volver a ella.La dualidad era ley. Desde mi nueva vida, definitivamente Marx tenía razón.
Pero entendí finalmente. No era a ella a lo que habría de volver. Quería volver, sentía, anhelaba, extrañaba. Y en otro plano más racional, sabía que tenía que seguir. Empezando por mirarme a mí, y ver, fácticamente ver, con los ojos, el reflejo de la luz, esos asuntos físicos que no entiendo, mi piel, mis facciones. Yo. Ego. Ver. Me había olvidado de los vecinos, me olvidé de mis libros, me quedé con mi ego...quemé el edificio.
Si total ni era yo, vida nueva tras viejos humos, ya no era mi vida. El interlocutor ya era más dueño que yo, propiedades y pertenencias a la puta basura. Mierda, carajos, da igual, los espejos se escaparon. ¡Puta la basura! Puta mi bronca por querer cambiar y no poder, ser tan preso a todas mis lecturas y a construir un destino ya desechable e inoportuno. Mi límite era mi propia nostalgia por aquello a lo que no alcanzaría, Mi límite me acorralaba, y hasta se adentraba en mi ser. ¿Qué hacer? No hacer. Mi quehacer, un tan mal amo de casa, mira como dejé al edificio. Ya ni hacer. Pero qué drástico, hermano. No era para que me llevaran, menos con tanta violencia.
"Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor." (Eclesiastés, 1:18)
Andate Biblia.
Con chaleco y todo, ya no decidía yo que hacer. ¿No era lo que buscaba desde un principio? Pero qué pobres, de piromaníaco me acusaban. Manga de limitados, podían adjudicarme un título con más grandeza. Aquellos estúpidos seres no comprendían mi grandeza, la profunidad de mis actos, y en cambio me tiraban a un calabozo, me tildaban de lunático. Ya nada podía hacer, sólo encerrarme en mi mente; en mis dos mentes. En mi ilimitada y ya casi inexistente doblemente.
Y cuando llegué, aparte de encontrarme compañero de un tal Alberto Mitómano, encontré un espejo colgado, ¡el primero en meses! Qué hermosa barba, antes no me crecía, cuantas quemaduras en la piel, y ¿por qué carajos no tengo ojos?.
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