cualquiera la vida láctea.
siempre me revolucionan estas cosas y tengo hasta la iniciativa de invertir en el mercado de sandías sin semillas.
me creo, no sé por qué, que puedo desde mi sentadez alcanzar estirándome y abarcando todo lo que las simples percepciones reconocen, y que no me entro en el cuerpo, y hay ganas de explotar, me alargo, una de mis puntas escapándose de la otra, doy vueltas. siento estar ahí ya, pero enseguida noto mi falla. no los motivos que la causaron, simplemente el mismo hijo de puta horizonte toma las formas de justo lo que miro, y así, con facilidad mi piel va a ser inmensa, pero nunca va a ser de tal lugar. y cuando quiera descansar de tanto intentarlo, se va a dar cuenta que se es piel aceptándose como límite de un sistema, pero que es propio al fin. y si se quiere presumir de barrilete, hacete cargo. que llegas lejos pero cuando no das más no tenés donde caer. (antes del barrilete, la imagen me hizo pensar en indios de américa del norte).
esta falla es el miedo eterno, el ojo abierto, las tres paredes, y las metáforas (que forma de esconderse). también es más fácil echarle la culpa a la química. echarle la culpa a las estructuras. a la superioridad o a la inutil racionalidad. yo creo que lo cierto es que son recursos desesperados ante una macabra competencia de ver quien es más libre, quien necesita menos del resto. cuando en los absolutos y los detalles todos necesitan, y el verdadero desafío es saber pedirlo.
váyanse a la re putísima madre que los re mil parió
cúrtanse, tóquense, ríanse
aunque se despeinen
porque hace bien
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