Hola

El creer que mi único saber, es mi conciencia con respecto a mi ignorancia, crea ante mis ojos todo un mundo infinito por conocer.
Dicen que esta eterna búsqueda de la sabiduría lleva a la locura. Pero esto provoca mi conocimiento sobre una única cosa:
Yo no padezco de locura; Yo solo disfruto cada instante de ella.

22.7.11

Cruzar la noche

Mariana se abrazaba fuerte a la cintura de Pablo mientras él derrapaba con su ciclomotor sobre la arena.
Cuando llegaron al camino de las defensas viejas se bajaron y comenzaron a caminar.
—Mariana, yo te quería decir que... por lo del otro día, en la isla, cuando... cuando te abracé. Vos tenías mucho frío y temblabas, por eso yo...
—Me hubieras prestado una campera si era por el frío.
Él apoyó la moto y tomó las manos de Mariana.
Ella miraba hacia lo lejos, tratando de concentrarse en la forma de una nube rosada. No quería que él se diera cuenta de que estaba triste.
—Yo no digo que te abracé sólo por eso. Te quiero decir que si a vos te molestó... Además creo que tenemos que hablar. Todavía no entiendo por qué dejaste de darme bola la semana pasada. Yo pensé que con todo lo que nos contamos podríamos empezar a ser amigos.
Mariana lo miró a los ojos.
—Yo sé que sabes guardar un secreto, Pablo, así que por favor no comentes con nadie lo que voy a contarte. Pasaron algunas cosas la semana pasada. Yo reconozco que estoy bastante rayada, pero Cris había hablado conmigo y...
—¿Cris? ¿Qué te dijo?
—Bueno, me contó lo de ustedes y me pidió que me abriera. Está celosa, ¿entendés? No cree que somos amigos. La cuestión es que yo dejé de darte bola porque ella me lo pidió. Dice que no es tonta y que se da cuenta de que entre nosotros hay otra onda, que sé yo, boludeces.
—No son boludeces Mariana. Cris tiene razón.
—Bueno, si Cris tiene razón no me había equivocado. Hice bien en dejar de darte bola, ¿no? Ahora podemos hablarnos, pero no hace falta ni que nos contemos todo, ni que nos veamos fuera del grupo. No me busques más Pablo.
Mariana no podía disimular su furia ni podía entender las razones de su sentimiento.
—No entendiste nada —le dijo Pablo divertido—. No me refería a que tenemos que dejar de vernos. Cris tiene razón cuando te dice que entre nosotros hay otra onda. Nos insultamos, nos tratamos con bronca, pero tenemos unas ganas locas de estar juntos, ¿o me lo vas a negar?
Mariana iba a protestar pero sintió un cosquilleo por todo su cuerpo cuando Pablo la tomó por la cintura y la atrajo hacia él. Después la abrazó y ella pudo sentir cómo el cosquilleo se intensificaba, más aún, cuando él le tomó con dulzura el rostro y comenzó a besarla en los labios, lentamente, con toda la ternura que nunca le había demostrado a nadie. Mariana le devolvió el beso con vergüenza, con miedo de que él descubriera que era la primera vez que la besaban.
En el horizonte bajaba un sol de fuego.

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